SORORIDAD

Me encantaría que no fuera necesario hablar de derechos y oportunidades para las mujeres, porque fueran parte natural de nuestras sociedades, porque se contara con la seguridad y los espacios para realizar cualquier proyecto de vida y porque vivieramos en una comunidad de verdadera equidad, pero, aunque hay grandes avances logrados a lo largo de la historia, aún hay mucho por recorrer.

Sin duda, una de las prácticas que más ayudan a que la mujer logre avanzar en sus proyectos y en la defensa de sus derechos, es la Sororidad, entendida como la hermandad entre mujeres que busca el apoyo entre unas y otras para lograr la eliminación social de todas las formas de opresión y el empoderamiento femenino.

Es un término que ha ido cobrando relevancia en el movimiento feminista, que implica solidaridad entre las mujeres y que se espera llegue a unificar, respentando las diferencias entre las mismas mujeres por condición social, ideológica, de raza o cualquier otra situación particular.

Es importante mirar y reflexionar las formas de ejercerla, considerando que, en ocasiones, hay enfrentamientos y descalificaciones entre las mismas mujeres por no coincidir en la forma de vivir o de entender la propia existencia. La tarea sería privilegiar las coincidencias sobre las diferencias para lograr una verdadera equidad.

Algunas pautas sugeridas para practicar la sororidad son:

  • El cuidado mutuo entre las mismas mujeres.
  • El uso respetuoso del lenguaje, evitando juicios de opinión entre unas y otras, haciendo comentarios constructivos y cumplidos sinceros.
  • Impulsar el autoconocimiento y autocuidado para promover la libertad de pensamiento y de acción.
  • Respetar las decisiones de las demás tanto en proyectos como en la vida personal.
  • No justificar el acoso ni la violencia, ni normalizar comentarios que promueven estas prácticas.

Es importante practicar una escucha atenta y mirarse unas a otras desde las circunstancias y posibilidades que cada una tiene, incluyendo la propia personalidad y el entorno sociocultural, desde los diferentes roles y trincheras. 

Si queremos apoyarnos y lograr equidad, debemos considerar las diferencias y respetarlas, así como los tiempos y formas individuales. La generalización se encamina a la igualdad, pero no a la equidad. No todas necesitamos lo mismo, pero todas requerimos una vida basada en el respeto, en la seguridad y en la oportunidad.

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